lunes, 15 de septiembre de 2008

मुजेरेस DESNUdas

Algunas noches, cuando hay luna llena y el cielo está claro, me acerco a esa ventana, miro afuera y veo sombras moverse por la calle. Solía considerar que se trataba de perros. Sólo más tarde me di cuenta de que eran mujeres con las tetas y los genitales al aire. Algunas noches, muy tarde, al conducir por la carretera, he debido apartarme bruscamente o frenar, y a la luz de los faros he visto a varias mujeres en pelotas avanzando rápidamente a gatas entre la niebla con trapos rojos en la boca y sólo cuando vuelvo a esta casa mía comprendo que los trapos rojos son penes humanos. Es algo a lo que debe uno acostumbrarse si vive en este pueblo.

Tonto

Lolo consultó su reloj de pulsera. Eran las diez diez de la noche. Ordenó estacionar la limosina en el garaje y se bajó corriendo de ella. Quería hacer con su esposa lo más espiritual y lo más carnal que un millonario septuagenario y una playmate veintiañera podían hacer juntos: unir sus cuerpos, enteros, y también entremezclar sus genitales. Las caricias siempre se apoderaban del pensamiento; el pensamiento siempre se enloquecía de caricias. El adinerado anciano y su joven esposa siempre hacían el amor con facilidad, con felicidad, con variaciones, apasionadamente. Al terminar, siempre, soltaban una carcajada de alegría y se volvían a acariciar largo rato. Después del largo rato volvían a hacer el amor. Pero ahora, para sorpresa del anciano, Lulú, aquella exuberante morena ojiverde, cuyo traje de Eva había vendido treinta millones de revistas del conejito e inspirado a cientos de barrosos adolescentes a amarse a sí mismos en sus cuartos, sólo quería dormir. Aunque su mirada destilaba el sabor grumoso y áspero de quienes han perdido la fe en los cuentos de hadas, daban ganas de pegarse un tiro en la sien para no tener que aguantar tanta belleza. Con cara de lobo al acecho de Caperucita, Lolo se acercó a esa anticipación del Paraíso que Dios había dejado aquí en la Tierra e insistió. La tomó por la cintura y le lamió la oreja derecha. «¡Suéltame, por favor! —dijo ella—. ¡Hoy no, tengo mucho sueño!» Las palabras fueron contundentes. Al vejete le atravesaron todos y cada uno de los nervios. Se sintió humillado y furioso por no obrar según su capricho. Entonces imaginó la forma en que le pondría fin a sus instintos negados. Abrió decidido la ventana, saltó y se tiró. Lulú lanzó un aullido al verlo arrojarse al vacío. Su esposo acababa de matarse y era viuda ya. Si no el amor de su vida, él era al menos el único hombre con el que había podido formar una pareja. Presa de una intensa convulsión, sollozando como una niña desvalida, con los ojos desbordando lágrimas y la nariz destilando mocos aguados, se dejó caer en el suelo. Instantes más tarde, recordó que ellos se encontraban en la planta baja de la mansión; por lo tanto, él no podría haberse hecho mucho daño. Se levantó, fue a la ventana y miró. Sí, allá abajo, a escaso metro y medio y tiritando de frío, estaba el libidinoso viejo. Una sonrisa burlona se dibujó en el rostro de la opulenta chica. «Ven, tonto...»

DOGGIE STYLE

Cada aspecto de tu vida cotidiana por muy insignificante que sea lleva una etiqueta mental con un número de apariencia absoluta férrea sagrada, los números constituyen la verdadera coloración de tu felicidad y tristeza tu éxito y fracaso tu autoestima, mides 1.70, tienes 11 consoladores en el cajón del buró, bebes 2, 5 litros de agua al día, conduces a 90 por hora, desde hace 18 años sólo usas la cama para dormir, tu matrimonio duró 365 días, diario haces 600 abdominales y 300 sentadillas, alquilas semanalmente entre 3 y 6 películas eróticas, tus medidas corporales son 95-65-92, quincenalmente te gastas casi el 30% de tu sueldo en pilas, pesas 68 kilos, siempre le apuestas al 15, en una escala del 0 al 10 a tu presente le pondrías un 2, hoy cumples 38 años, las huellas de tus sandalias te siguen sobre la arena, los dedos del sol vespertino te acarician el rostro y arrancan destellos de tu cabello, con los ojos provocadores como si estuvieras mirando a Patricio y esas formas generosas cubiertas solamente con un bikini caminas dejando un ligero rastro de perfume, un poco cursi como es normal un poco triste como es normal un poco tonta como también es normal paseas tu historia y tus deseos por la playa, los 4 chicos todavía no tienen pelos en los sobacos y ya quieren encamarse cuanto antes con una mujer, esto significa que todavía no saben lavar un calzón y ya están pensando en quitártelo, te miran vestida y te imaginan desnuda porque todo lo que tu bikini muestra es muy sugestivo pero todo lo que esconde es lo esencial, al mirarte se emocionan y al imaginarte se excitan, miran, imaginan, vuelven a mirar, se deshacen en sonrisas y piropos, y tú te sientes bien, poderosa, que vean lo que quieran que se alimenten te dices, y te dejas bañar de flores con mucho meneo de nalgas, sin decir agua va te eclipsa una muchacha, avanza en sentido contrario al tuyo, trae la luna llena a la espalda y el sol esplendoroso a la derecha, anda toda de negro el pelo los lentes el sostén la tanga las chanclas la piel, pasa a tu lado, la escaneas de reojo, vaya par de nalgas que tiene redondas abundantes generosas por decir lo menos pero no excesivas no grotescas no invadidas por la sombra de la celulitis, esas nalgas portentosas son la culminación de un cuerpo bien formado no menos llamativo en su totalidad rematado eso sí por un rostro de suma fealdad, oyes que el grupito de chicos calenturientos se alborota, oyes el barullo que arma la presencia de la “niña”, oyes los gritos y los chiflidos, recuerdas que Patricio vio a Galilea tu mejor amiga un montón de ocasiones antes de reparar en su rostro, piensas que unas nalgas de película razón suficiente ¿no? también a él le impidieron percatarse del horror facial, al arribar a un sitio desierto te sientas en la arena cerca de la orilla, aparece en tu memoria una tarde nublada tú en tu habitación en la silenciosa casa de tus padres tratando con una guitarra de ponerle música al primer poema que habías escrito en tu vida, entonces yo era a la vez improductiva y prodigiosamente creadora piensas qué hermoso era ser adolescente, y también piensas que la adolescencia fue tu último tiempito de libertad, ahora tienes que vestirte de cierto modo para ir al trabajo y sonreír de otro cierto modo para festejar un chiste vulgar de tu jefe y decir ciertas cosas para que tu secretaria no vuelva a preguntarte por qué tú que eres tan amable tan tierna tan inteligente tan bonita estás tan sola, pero ya no estás sola, un lindo perro labrador adulto se encuentra sentado a tu izquierda, jamás habías visto tan grande a su pene tan obstinado en salírsele del cuerpo, esbozas una sonrisa y le dices hola Coco ¿qué tal eh?, y él da brincos y mueve la cola se te acerca y te olisquea arriba y abajo, procede a lamerte ahí abajo y tú experimentas esa sensación la misma que padeces cada vez que Patricio está en tu mente esa sensación que altera tu percepción de la realidad esa sensación de mojarte con fuego, entretanto Coco chilla y se refriega contra tu pierna izquierda, y tú entre el asco y una cachondez mayúscula te dejas hacer, así están durante un rato hasta que a él los ojos se le cierran con intensidad y por su hocico brota un aullido gatuno, efectúa un empujón que casi te rompe la pierna izquierda y se detiene, abre los ojos sacude la cabeza disipa la bruma que le nubla la vista mira tu cara, ¡guau guau! te explica y tú comprendes lo que ha pasado, no pasa nada declaras y él se aleja un poco se vuelve a sentar se rasca la cabeza con una de las patas traseras y revela momentáneamente que a su juguete se le han acabado las pilas y ya no funciona más porque cuelga lacio deshinchándose y menguando lentamente como un globo pinchado que va perdiendo su volumen para al final quedarse en la pura arruga, no pasa nada repites mientras él se entretiene contemplando el vuelo de una gaviota, al punto estudias con la mirada a tu pierna izquierda y eres torturada por la cruda moral que a decir de los verdaderos libertinos es privativa de espíritus débiles, te pones de pie abruptamente y a toda velocidad como si estuvieras envuelta en llamas te internas cerca de doscientos metros en el mar cuya profundidad en aquella zona es relativamente baja, la soledad te ha emborrachado, no puedes permitir que se repita lo que acaba de suceder, la tarde se tornó al cabo otra noche que pasar durmiendo, ahora mastúrbate comienza acariciando el interior de los muslos y la vulva (ah, y también el ano), aunque puedes introducir un consolador en tu vagina llegarás al orgasmo masajeando y presionando el clítoris, el orgasmo es un proceso de relajación física y mental pero a ti te ha engrandecido las ganas de macho, no recuerdas haber besado o tocado a algún cuerpo masculino desde hace 18 años, tantos años de hambre, tantos años con viento en los brazos, el divorcio te pegó el Síndrome de Lamentación Romántica una enfermedad santificada en canciones y versos, el SLR hunde a sus víctimas en la autocompasión en el debilitamiento y a veces en la autodestrucción, nulifica aquellas cualidades como la dignidad y el control necesarias para la única cura el remplazo del amor perdido, también vuelve a la víctima inmune al restaurador conocimiento de que por lo común se está mejor sin el amor perdido, he oído leído inventado que cuando una mujer ha tenido las piernas cerradas durante 18 años ya es tarde tanto para el amor como para la poesía ¿tú qué opinas?, bueno aquí lo relevante es que inocente frágil iluminando con tu desnudez todo este cuarto impregnándolo con tu olor salado no tardas en levantarte de la destartalada pero eficaz cama matrimonial, en esa misma cama hace 18 años descubriste a Galilea desvestida debajo de tu desvestido marido, abres la ventana y es el golpe frío del aire nocturno el que te obliga a entrecerrar los ojos, no olvidemos que la soledad como una muela siempre duele más de noche, la oscuridad del cielo está salpicada de agujeros que dejan pasar la luz, oye ¿oyes…?, es el mar negro que no logras ver, tapándote sólo lo que alcanzan a cubrir dos manos mientras mujeres ambiciosas con automóviles nuevos y machos nuevos rigen las calles contemplas la playa vacía, ayer fue tu cumpleaños número 38 y sigue valiendo la pena verte tomando el sol en esa misma playa, eres una fémina imposible de olvidar por donde quiera que se te mire, sin embargo llegará un momento en que no serás atractiva el mismo cuerpo que hoy es punto focal de apetitos se volverá una especie de repelente sexual o no el mismo cuerpo mejor dicho sino tu misma alma con un cuerpo decaído decadente decrépito, algún día te morirás y los automóviles nuevos seguirán caminando y la gente irá a la playa como siempre y tú estarás muerta bien muerta… muerta para toda la vida, y si nada al otro lado de la muerte nada sólo habrás conocido un hombre y una sola forma de sentir el amor (el amor no se hace se siente), me gusta más de a perrito solías decirle a Galilea cuando fanfarroneabas sobre tus aventuras pornográficas, pero tú sabes que el único pene que se ha alojado en tu vagina es el de Patricio quien la única postura que practicaba era la del misionero, cierras los ojos, el silencio es subrayado por el mar, tú mantén los ojos cerrados, permite que la cabeza se te vaya pesada demasiado habitada por Patricio, Patricio, ¡oh Patricio!, el imbécil que sólo bebía Coca-Cola y que sólo leía los periódicos de deportes, el panzón con el que empezaste a compartir el cuerpo y el techo cuando tenías 19 años y él 43, tu amado panzón, tu amado imbécil, no existe algo que induzca en tu corazón el deslumbre que él producía sin hacer nada más que existir, lo oyes entrar a este cuarto tu cuarto su cuarto, lo oyes aproximarse, no abras los ojos no voltees sólo ponte de rodillas y ofrécele a él unas blandas y a la vez muy firmes nalgas esféricas que brotan hacia fuera hacia arriba pero todavía infantiles tersas ingenuas, la verdad es que el trasero se conserva infantil toda la vida en hombres y mujeres y quizá esto explica muchas cosas, él lengüetea primero antes de la penetración aquella sencillez complejísima dos medias esferas de materia pura y femenina curvatura donde la mujer es más mujer ya desde niña, te parece entrar en él y es él quien entra en ti, se hunde buscándote el fondo, y tú lo recibes con deleite infinito, lo aceptas en toda su longitud y anchura, él empieza a menear las caderas adelante atrás dentro fuera primero con suavidad después con fuerza después con violencia, él péndulo tú trompo él tú tú él éltu túel ambos sin poder traspasar el espacio donde cada quien existe irremediablemente solo en el límite del propio placer, ¡guau guau! exclama él inclinándose sobre ti, sobresaltada abres los ojos y vuelves la cabeza y ves que es Coco tu mascota y no Patricio tu obsesión quien te ha inundado las entrañas con el escupitajo blanco que los ovarios ya pretenden beber.